Hace mucho que deje de ser niña y
deje atrás muñecas de la infancia, hace mucho tiempo tantos juegos y risas quedaron en recuerdos,
pero siempre serán el tesoro más grande de mi mundo por estar
hechos de aquella magia llamada ternura. Es que
simplemente, no existían preocupaciones propias de la adultez, ni noticieros
tristes (bueno si habían, pero no les prestaba atención,porque a mi corta edad
no los entendía) no había una lista enorme de obligaciones que cumplir ni
gastos que pagar, la vida se resumía en correr libremente por el pasto y comer
helados luego. Incluso, un pasador desamarrado no era motivo de desdicha. Te
caías, te levantabas y seguías. Así de fácil era la vida y aún lo sigue siendo
cuando se es niño.
Las Pequeñas corrían por el
parque, se reían mucho, procuraban no pisar en falso con alguna rama o quizá
con algún objeto que pudiera lastimarlas. Jugaban y hablaban entre ellas,
ciertas palabras se entendían, otras no tanto, pero entre ellas si se
comprendían. Eran tan felices, tan libres, tan hermosamente tiernas.
De pronto, el sol intentaba
ocultarse pero aún alumbraba sus cabecitas al correr, ya el viento empezaba a
soplar un poco fuerte, era momento de partir, el juego había terminado para las
princesas. Antes de irnos, revisamos sus vestidos, sus piernas, sus manos, sus
caritas, no se habían lastimado con nada. Cogí la mano de una de ellas , la
miré detenidamente y mas bien fue la inocencia en sus ojos la que me observó a
mi.
...Disfruta de su niñez, eso es así ....
No hay comentarios:
Publicar un comentario